El sueño de empezar una granja de avestruces se inició en la sabana sudafricana, observando una pareja de avestruces que paseaban tranquilamente bajo el caluroso sol austral. Su belleza, elegancia y determinación inspiró a la pareja de aventureros, Fina y Uri, a soñar con un porvenir diferente. Tras un robo trágico, y una recuperación milagrosa, la pareja con dos pequeños recordó el sueño que tuvieron enfrente de dos aves majestuosas. Nace Artestruz.
Misión
Como empresa familiar amantes de los avestruces, aspiramos a acercar a nuestros visitantes a estas maravillosas criaturas, creando respeto y honra, además de aportar nuestro granito de arena por nuestra sociedad y entorno.




